martes, septiembre 14, 2004

Sábado

En un poco explicativo correo que nos llegó a los estudiantes de mi postgrado, se nos invitó a una visita a un parque el día sábado a la una-pe-eme, y que para conocernos. El cuate Carlos me dijo que sabía llegar al sitio, que fuera con él. Por supuestísimo, salimos tarde Carlos, Ilya y mi persona, y llegamos a la estación (Slussen) donde supuestamente estaba el parque como a la 1:45 (pe-eme). Cuando llegamos al parque, un pequeño mirador desde el cual se vé Gamla Stan, no había nadie. Llegamos a la conclusión de que Carlos no tenía idea de en realidad qué decía el correo, y que ahí no era pero ni de broma. Vivos-pá-trás, ninguno tenía el telefono de más nadie del postgrado, así que fue toda una aventura averiguar cuál era el mentado parque. En mi memoria creí recordar el nombre Skansen, y decidimos preguntar en la oficina de información de transporte público, cómo llegar ahí (esto luego de como una hora). Luego de las averiguaciones correspondientes, hacia allá nos dirigimos. Al llegar nos dimos cuenta de que era un porque muy bonito cuya entrada costaba unas no muy bonitas 50kr, que personalmente decidí no pagar. Le explicaba a Carlos que esa decisión era porque cuando me levanté, nadie me dijo que iba a ir a un Zoológico y pagar 50 coronas para conocer a compañeros de estudio. Si voy a un zoológico es para ver a los animales!!!!. Además cuando llegamos ya casi iban a cerrar el parque (la entrada al parque, la gente que está adentro se podía quedar).

De allí decidimos devolvernos, pero no podía ser que dejáramos el sábado así, por lo que paseamos un rato por el centro de la ciudad.

Primero, Ilya y Carlos decidieron comer (yo ya había comido en casa, of course) y nos metimos en un restaurante árabe - no muy bueno, a decir de los comensales. Un episodio bastánte cómico fue que justo en la calle donde estábamos, habían algunos buhoneros (tres), y uno de ellos vendía los típicos perritos de juguete que saltan y dan vueltas. Una de las transeúntes era una pequeña niña (3 años aprox) pelirroja con cierto aire de duende (tenía las orejas puntiagudas), que quedó estupefeacta con los susodichos perritos. A Carlos y a mí nos pareció una escena para recordar, y Carlos decidió tomarle una foto (era un momento Kodak, pues). Por supuesto, era una calle super concurrida y jamás pudo tomar la foto con tranquilidad. Luego de dos minutos y cinco intentos fallidos de fotografiarla, no le quedó más que decir: ¡¡¡¡Pinche escuincle!!!! ¡¡¡si ni siquiera la conozco!!!. Me reí muchísimo.

Esta vez vi otras cosas, pasee por la calle más turística de estocolmo, ví gente pescando en Gamla Stan. Paseando cerca del Rikstag (el congreso) nos topamos con unas muchachas (unas ocho) que conformaban un pequeño coro: lo extraño era que parecía que estaba compuesto de muchachas que andaban de compras. Mi conclusión, luego de un análisis exhaustivo, es que las muchachas, en efecto, pertencen a algún coro de alguna iglesia, y que un par de grupos de tres muchachas (que a fuerza de tanto verse se hicieron amigas) estaban de compras por la ciudad, y casualmente ese par de grupos se encontró, y encontraron (igual que nosotros) a un grupo de turistas asiáticos. Aparentemente (aún nos estoy claro en eso) decidieron darle una muestra de espontaneidad lírica a los turistas, y cantaron un par de canciones muy bonitas. Lo más cómico fue que los chinitos (a lo mejor son coreanos, pero who cares) decidieron tomarse fotos junto con ellas, abriendo la boca como si estuvieran cantando (escrito no es tan cómico). Ilya le tomó la foto a uno de ellos, y en agradecimiento (aparentemente), el fotografiado se tomó otra con Ilya. Antes de que yo pudiera preguntarle a alguna de las chicas (rubias-ojos-azules todas por supuesto) que qué carajo era lo que estaba pasando, los dos grupos agarraron sus bolsas y deshicieron el coro tan repentinamente como había aparecido.

Cuando nos regresábamos, me estaba preguntando qué diablos iba a hacer para comer, y estando ya a 3 minutos de mi edificio, se abrió el cielo iluminando la parrillera: ¡¡¡Tristán cumplía años!!! una maravilla. Esta vez la cocina estuvo a cargo de Alper (así suena), un turco, así que no hubo pollito con miel, sino una parrilla normal. Igual comí buenísimo :D

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